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Los 4 hábitos financieros más destructivos

Los 4 hábitos financieros más destructivos

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Hay hábitos financieros que pueden estar destruyendo tus finanzas. Descubre cuáles son.

Los hábitos son una serie de comportamientos y conductas arraigados que hacemos sin darnos cuenta o sin pensar mucho en ellos. En la vida tenemos hábitos buenos y hábitos malos, y como cualquier aspecto de la vida, en las finanzas personales también los tenemos.

Tener un presupuesto, establecer objetivos de ahorro, guardar cada mes y llevar un seguimiento de los gastos son algunos hábitos financieros sanos; pero muchas personas tienen hábitos que tienden a ser destructivos y les impiden llevar unas finanzas saludables.

Lo que debemos hacer en estos casos es, en primer lugar, identificar la conducta y conocer el daño que está ocasionando. A continuación, tratar de sustituirla por hábitos más sanos. Sin embargo, identificar comportamientos que hacemos de forma automática no es una tarea sencilla, por eso te decimos cuáles son los cuatro hábitos más destructivos para tus finanzas y cómo cambiarlos por conductas más positivas.

No tener metas ni planes

Sin parecer materialistas, muchos de los sueños de la vida requieren dinero para alcanzarlos: un viaje, un carro, una casa, una familia. Muchas personas, sin embargo, viven el día a día sin pensar en el futuro, esto significa que tienden a endeudarse para satisfacer sus necesidades y deseos, haciendo que los sueños parezcan inalcanzables.

No tener una meta ni un plan para alcanzarla es uno de los mayores errores financieros que se ha convertido en un hábito, en una forma de vivir. Para cambiarlo empieza por identificar qué es lo más importante para ti, tus valores, tus sueños y anhelos. Visualiza lo que quieres y luego traza un plan para lograrlo.

Recuerda que ninguna meta tiene sentido sin un plan, pero ningún plan tiene sentido sin una meta tampoco.

Ver Cómo hacer que un plan financiero funciones en 5 pasos

No registrar tus gastos e ingresos

Uno de los hábitos financieros más destructivos es vivir “al día” sin tener idea de nuestro dinero: cuánto entra, cuánto sale y a dónde se va. Esto significa que no tenemos ahorros, no estamos preparados para emergencias, no estamos al tanto de nuestra deuda, tampoco sabemos si podemos pagarla y mucho menos si seremos capaces de adquirir nuevas deudas (aunque seguimos usando las tarjetas de crédito).

El punto de partida es detenerte a evaluar tres aspectos fundamentales:

  • Cuánto dinero ganas.
  • Cuánto son tus gastos básicos.
  • Cuáles son tus hábitos de consumo.

Ver 5 hábitos de consumo que conducen a la deuda

Para esto debes revisar tus últimos estados de cuenta, facturas de servicios y otras compras, y comenzar a llevar un registro de tus finanzas personales. Una vez claro este panorama puedes comenzar a hacer cambios. Empieza por hacer un presupuesto, asignar categorías a los gastos e incluir una partida de ahorro. (Ver Cómo estructurar un presupuesto).

Comprar de forma compulsiva

El hábito de comprar compulsivamente es placentero, pero culposo. Sentimos una satisfacción inmediata al comprar, pero más tarde sentimos culpa cuando descubrimos que no debíamos hacerlo, que no era necesario o que no es nada útil.

Si sientes un deseo incontrolable de comprar sin que exista una verdadera necesidad y luego vienen todos estos sentimientos de culpa, eres un comprador compulsivo. Para tratar este trastorno te recomendamos leer ¿Eres adicto a las compras?

Sin embargo, establecer un presupuesto y apegarse a él puede convertirse en un hábito sustituto que te ayude a controlar tus compras.

Continúa leyendo: Cómo detener las compras compulsivas

No ahorrar

Todos los hábitos financieros anteriores nos llevan a una vida sin ahorros, y una vida sin ahorros sólo lleva a la catástrofe financiera. Solemos pensar que para ahorrar necesitamos mucho dinero o simplemente no tenemos tiempo para ello, cuando en realidad el ahorro debe ser una prioridad.

No debemos guardar lo que sobra, porque nunca nos “sobra” dinero. Por el contrario, destinar un porcentaje de los ingresos al ahorro cada mes (si puedes configurarlo automáticamente, mejor) y ahorrar todos los ingresos extra como bonos y aguinaldos. Tampoco podemos dejar por fuera el fondo de emergencia para cubrir eventos inesperados que pueden desfalcarte si no estás preparado.

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